
Frederic BARON
Creador del muro de los te quiero y coleccionador de los “te quiero”
Frédéric Baron
ha recopilado, desde 1992, más de 1000 escrituras de “te quiero”
manuscritas en más de 300 idiomas y dialectos diferentes. Es en las
calles de París donde ha realizado su vuelta al mundo.
En 1998 escribió “
El libro de los te quiero”, libro del cual se distribuyó gratuitamente en Francia unos 50.000 ejemplares.
Es
también músico y ha grabado la frase mágica, pronunciada por la mayor
parte de las personas, hombres mujeres y niños, que ha encontrado.
Autor y compositor, Frédéric Baron grabó su primer disco cuando tenía
17 años, “La clé du soleil”. Desde entonces, ha escrito cuarenta
canciones de amor.
En Montmarte, realizó sus primeros pasos como pianista en “Chez
Ginette”, “Au tir bouchon”, “Piano Bar” y presentó un espectáculo de
canto. Es aquí, en Montmartre, donde ha elegido erigir “El muro de los
te quiero”.
Un “Je t’aime” para expresar todo lo que siento.
Me llevó mucho tiempo decir “Je t’aime”, te quiero en mi lengua
materna. Era más fácil decir “I love you”, “te quiero”, “ti amo”, en
idiomas extanjeros. “Je t’aime”, me costaba, y me bloqueaba. Aún hoy en
día, expreso este sentimiento a través de la escritura, la música,
compongo canciones de amor: “Je t’aime à tout détruire”, “Oser dire je
t’aime”, “Jamais deux sans toi”. Sueño con un verdadero “je t’aime”,
con que el que podría expresar todo lo que siento, que atravesaría el
muro de los malentendidos, que aboliría la frontera de las diferencias.
Con
este espíritu comencé a recolectar Los te quiero en versión original.
No era un simple capricho de coleccionador. Para mí, era más bien una
forma de dar la vuelta al mundo sin salir de París y de su extrarradio.
Eran pocas las personas que rechazaban mi petición. La hoja en la que
mi interlocutor escribía la frase, tenía siempre las mismas
dimensiones 21 x 29.7 cm. Sin embargo, podía elegir el color: azul,
verde, rojo, negro,… En la parte inferior del original, yo escribía el
nombre del país, el nombre del idioma, su pronunciación fonética y su
transcripción en francés.
En la actualidad tengo mil hojas: la vuelta al mundo repartida en tres carpetas.
Ir
al encuentro de la gente y hacerles escribir “Te quiero”, es servirse
de un pasaporte que elimina las fronteras y abre los corazones. He
tenido la oportunidad de constatarlo personalmente, pero al mismo
tiempo, he comprendido que no sólo están las palabras, y que el amor
obedece a otras leyes. Un día, un agregado diplomático de una embajada
de un país africano me dijo “Vosotros, los occidentales, decís ‘te
quiero’ a cada momento. En nuestra tierra, una mujer servirá a un
hombre la mejor ración de un plato de carne, y esto, en si mismo, se
convierte en un juramento de amor”. Cocteau decía también: “No existe
el amor. Sólo existen las pruebas de amor”.
Con el amor no se
bromea. Es un tema serio. Sin saber aún lo que quería hacer con ellos,
Los te quiero me llevaron aún más lejos. Me obligaron a tratarlos como
un verdadero trabajo. Pero atención: No pretendo haber realizado una
obra científica: si mi proyecto ha tenido éxito, es, al contrario,
porque ha conservado su romanticismo y su pureza original. Hombres y
mujeres, de todas las razas y de todas las condiciones han dejado su
huella en el papel, y esto ha sido como un regalo caído del cielo. Un
gesto gratuito.
Pero a medida que iba avanzando, comencé a
buscar garantías. Realicé investigaciones en el Museo del Hombre, en la
Unesco, en colaboración con el laboratorio de idiomas del CNRS, sometí
los textos al estudio de los lingüistas del INALCO (Instituto Nacional
de Idiomas y Civilizaciones Orientales) y solicité contrapruebas.
Haciendo
esto, he podido comprobar la complejidad de cada idioma. Únicamente en
el Magreb, he recopilado 6 versiones diferentes en árabe de “Te
quiero”. Y ya sea escrito en latín o en cirílico, “Volim te” se
pronuncia de la misma manera.
No estaría decepcionado si alguna
falta de ortografía se ha escapado a todos estos controles. Lo que me
importa, es la gramática del corazón.

Claire KITO
Formada inicialmente en las aproximaciones múltiples del arte
occidental, Claire Kito estudió la caligrafía china y la pintura de
Extremo Oriente en el museo Cernuschi, de la mano del Maestro coreano
Ung-no Lee. Hoy en día, es la responsable de los talleres de caligrafía
china en la ADAC, de la ciudad de París (Asociación para el Desarrollo
y la Animación Cultural). Participa en los eventos relacionados con la
caligrafía y expone sus obras. Su arte pictórico se nutre de la
experiencia del gesto y del estudio de los signos.
La mano en el corazón
Me
encontré con Frédéric Baron en la primavera de 1997. Me presentó su
colección de escrituras de “te quiero” en muchísimos idiomas y
dialectos de todo el mundo. Reunir todas estas palabras de amor en un
gran fresco,… ¡Qué precioso proyecto para una profesional de la
caligrafía!
Todos Los te quiero recopilados con cariño por
Frédéric Baron, me fascinaron inmediatamente, al representar a la vez
letras y alientos.
Este proyecto se ajustaba a mi carrera
artística: en pintura trazo personajes como si fueran palabras,
ocupándome esencialmente del espacio que los une, que los aleja, que
los acerca, que los superpone. De esta forma, era evidente el vínculo
con Los te quiero ©: las escrituras manuscritas eran elementos
gráficos que tenía que unir en una única caligrafía.
En la
caligrafía china, se dice que la mano es guiada por el corazón, de esta
forma cuando copiamos la caligrafía, sentimos el espíritu de la persona
que la ha escrito, (en chino, el carácter xin significa a la vez el
corazón y el espíritu). Sin escala de valores plásticos, consideré cada
escritura como una obra en sí misma: al trabajarlas, conservaba el
ritmo, la grafía, respetando el gesto, hábil o tembloroso, ancho o
estrecho.
Seguidamente, tuve que unir esos pequeños alientos,
que representaban tantas personalidades diferentes de la forma más
natural posible, conservando la legibilidad de cada uno.
Fue una maravillosa búsqueda a la escucha del gesto.
Me
senté en el suelo de mi taller rodeándome de todas esas palabras
de amor, y después mi mano tomó un “Je t’aime”, un “Yiku zoléle”, un
“Te quiero”, la ligereza o la firmeza de la escritura dirigía mi
elección. Los te quiero formaban parte como de un especie de puzle
gigante y mi única preocupación era que encajaran de forma armoniosa,
que se convirtieran en las piedras del mismo muro que tendría el amor
como cemento.
Nuestro deseo de que El muro de los te quiero se ubicara en un jardín rodeado de espacios verdes se realizó.
Espero que sea un lugar de ensueño y de apertura hacia los demás.
Declaraciones recogidas por François Jaquemont
Fernando S. Delgado (
traductor
francés->español)" - "Fernando S. Delgado (
traducteur
français->espagnol)